Serie de ilustraciones que abordan el concepto del duelo.

Un clavo mete al otro aún más adentro.
Esta frase la escuché en la entrevista de presentación del libro Duelos de Gabriel Rolón, una charla con Darío Z,
en la que recorren las distintas fases que atravesamos las personas en un duelo por desamor y es que como dice Rolon No hay nada más parecido a la muerte que el desamor.

Un clavo mete al otro aún más adentro, capturó mi atención de inmediato, porque socialmente estamos tan acostumbrades a vivir haciendo movimientos pendulares como trapecistas, no terminamos de soltar a alguien y en un acto de ansiedad casi absoluta, frente a la idea, a la sensación fantasmagórica que genera la soledad, ya nos estamos tomando de otra mano para no caer en el abismo, buscamos a otra persona que colme la desazón que produce el sentirnos desamparades, no querides, de sentir que nuestro valor se pierde casi por completo sin un otrx que completa o contiene nuestra existencia, con el único fin de que no nos tome el vacío.




Y es que el amor de pareja a veces es eso que dice Rolon: un otrx que organiza nuestro caos pulsional, la saciedad de sexo y la pasión, el deseo de ser querides, de no ser abandonades en la inmensidad de este mundo.
Esta serie busca desmitificar el dicho popular Un clavo, saca otro clavo, hacer sentido con eso tan contraproducente que ocurre cuando de inmediato, casi sin dejar ir a un gran amor empezamos a frecuentar a otra persona y vamos alimentando la máquinria de personas rotas que rompen.


Sin duelos hechos no le hablamos a quien tenemos enfrente, sino a ese fantasma que se encuentra preso adentro, porque no le dimos espacio para desintegrarse e integrarse a nuestra vida a modo de recuerdo.

No le damos lugar a alguien, porque ese alguien no es siquiera captado como quien está ahí, jamás nos sentimos colmados o plenos, hablamos desde una falta tan antigua, que la otra persona, haga lo que haga, no va a poder responder jamás. Nos volvemos seres aturdidos, aturdiendo por miedo a sentir un vacío absolutamente necesario.
El uso que hacemos de lxs otrxs, a modo de salvataje solo retrasa el duelo, aletarga la posibilidad de vernos como sujetos deseantes en nuestra individualidad y percibir lo que dejó eso que ya no está, que heridas enciende, qué proceso inconsciente se activa a partir de cada despedida, es decir, descubrir a la persona nueva en que nos podemos convertir.

Para advertir cómo el paso de ese otro nos transforma se vuelve necesario darle lugar a la angustia que aparece sin pausa ni espera en cada nuevo movimiento, sentir el dolor desagradable que implica que ya no nos quieran, o la culpa que genera el dejar querer o aceptar la inevitable claridad de que aunque queramos con toda el alma hay historias que simplemente se terminan porque el deseo se retira o porque esa pareja se agotó.


En definitiva, usar a alguien para saciar nuestra sed de calma, no es una solución, metemos personas ahí donde lo que necesitamos es hacerle lugar a la ausencia, a la tristeza y con tiempo volver a construir un nuevo yo. Nada bueno sale de poner tapones a las heridas, porque todo se vuelve muy confuso, porque ya no sabemos a quién a quién nos dirigimos, ni que pedimos, ni a quien reclamamos que cosa.
A veces se es clavo y otras trapecista y créanme de ninguna de las dos formas se puede construir compañerismo genuino, acechades por fantasmas, aturdides de recuerdos, o sin entender las demandas de quién está en frente, aunque busquemos escuchar y acomodarnos a algo que solo nace de la confusión.
Estas imágenes son una invitación a abrazar la incómoda soledad y hacerle lugar al vacío, a los fantasmas, al recuerdo y renacer. Después de extrañar, de enojarnos, de querer volver a encontrarnos con ese otrx, aparece una pregunta sencilla pero difícil de abordar ¿qué deseo? y en esa respuesta es quizás, donde sin buscar placebos, logremos construirnos de nuevo, aunque llegar hasta ahí en un primer momento duela.